Ni escapada ni abanicos

Hacen bien los comentaristas de televisión española en buscar métodos innovadores de pelear por la audiencia. Tanto las visitas al servicio con el micrófono puesto como las preguntas y respuestas en twitter o los chistes mal contados son entretenimientos muy superiores a etapas como las de hoy. Es una pena que el invitado no tenga demasiada gracia, si en lugar de un antiguo ciclista hubiesen pescado a un farandulero de telecinco o a un tertuliano de la sexta lo habríamos podido disfrutar mucho más. Lo ideal sería que no tuviese el más mínimo conocimiento del deporte, así podría pasarse la tarde haciendo preguntas chorras que los comentaristas salvarían como pudiesen o comentando el estilismo de los maillots y demás equipamiento.

Al final, el sprint no estuvo mal del todo y poco antes al menos hubo un intento de hacer abanicos, sobre todo por parte de Ineos. Si esta estrategia es una muestra de ambición o de debilidad de su líder, lo sabremos en próximos días. Por lo menos sirve para darnos algún minuto de emoción que termine la siesta antes del fin de la etapa y por lo menos nos enteremos de quién ha ganado.

La cosa pintaba, como casi siempre, regular. Una etapa llanísima con un par de cotas más para justificar la existencia del maillot de la montaña que para colocar dureza real y una pequeña posibilidad de vientos cruzados al final. En lugar del guión habitual de escapada consentida de corredores de equipos de relleno, esta vez decidieron que para simplemente enseñar el maillot no les valía la pena y que iban a tomarse un descanso como sus mayores, los equipos de la general.

Dudo mucho que este espectáculo sirva para aumentar la afición al ciclismo o para que las televisiones puedan cobrar más a sus anunciantes. Lo que está claro es que hay mucha gente que vive de este negocio que está encantada con el asunto. Los patrocinadores pagan, los ciclistas cobran, las administraciones y estaciones de esquí contratan las etapas y las organizaciones de las carreras ganan millones con el asunto. Por el medio pasan una serie de comparsas que se comen las migajas de algunas clasificaciones secundarias, del tiempo de televisión mostrando el maillot de los patrocinadores más cicateros en etapas intrascendentes y de competiciones de segundo y tercer nivel, en general subvencionadísimas.

Está por ver si el ser humano prefiere dedicar su tiempo de ocio a contemplar paisajes y monumentos franceses porque tiene costumbre de hacerlo o si acabará en otros esparcimientos como las películas, los videojuegos o lo que está por venir para complacernos en un futuro en el que seguramente tengamos más tiempo libre para el ocio que las generaciones que nos precedieron. Lo que está claro es que el ciclismo no cambiará mientras sigamos consumiendo la intrascendencia que nos ofrecen.

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