Alaphilippe, campeón

Era opinión mayoritaria que el máximo favorito era Wout Van Aert. Si uno sube con los mejores y también esprinta con los mejores en el Tour de Francia, es razonable pensar que superará las cotas y luego podrá imponerse en el final a cualquiera que haya aguantado con él.

Sin embargo, el pronóstico del tiempo y un complicado circuito, no sólo con cotas con kilómetros duros sino que también con toboganes que dificultan la persecución y el trabajo en grupo, podían permitir ataques que sorprendiesen al pelotón y permitiesen una victoria en solitario o en grupo pequeño escapando al control del grupo.

Así, las opciones de corredores hábiles en estas situaciones, como Rui Costa o Michal Kwiatkowski -que ya habían sido capaces de aprovechar oportunidades en otros mundiales- y de grandes tacticistas de nuevo cuño, como Hirschi o Pogacar, se incrementaban y las tácticas de grupo debían diseñarse concienzudamente para poder controlar la carrera a las selecciones que se pudiesen creer favorecidas por hacerlo.

Empezó el día, y en esto se parece cada vez más el mundial a una etapa de gran vuelta, con la escapada de hombres sin peligro. Quizás las selecciones más potentes harían bien en colocar a un tercer o cuarta espada en estos cortes para poder inhibirse de trabajar, obligar un poco a los rivales o aprovechar la remota posibilidad de bidonazo, pero ya no se hace porque piensan que les va a ir mejor así o porque les gusta aburrir a los aficionados.

La muestra de maillots de países poco prodigados en victorias ciclistas duró lo que tenía que durar y después de un buen trabajo de Suiza, fue la selección francesa la que eligió poner ritmo para ir eliminando gregarios que pudiesen molestar en la parte final.

La cosa funcionó parcialmente y con el pelotón más reducido, el esloveno Pogacar apostó por el ataque lejano. Asustó a la concurrencia quizás más por su enorme actuación en la última contrarreloj del Tour de Francia que por tener posibilidades reales de ganar y aunque fue de los pocos que dio espectáculo fue capturado sin demasiados problemas para conseguirlo pero con los suficientes para mantener el equipo belga los efectivos suficientes que asegurasen el esprint de Van Aert.

Así fue que, después de una labor puede que demasiado intensa de Van Avermaet en la última subida -se eliminó también a sí mismo- Julian Alaphilippe atacó al final de la cota con seguridad y evidente frescura que hizo sospechar su victoria tan pronto salió del grupo. Por detrás no había interés en organizarse por la superioridad de Van Aert en la llegada y el francés al final pudo ganar con cierta soltura.

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