El rosco y la panacota

Probablemente la panacota de la algo sobrevalorada El Hoyo tenía más intención pero seguro que el rosco de Rafa tuvo mejor resultado.

Casi una hora después del inicio del partido, Nole peleaba por evitar un 5-0 que sirviendo Rafa en el juego siguiente le daría el set con un rosco a su favor. Ganar está bien, pero hacer un rosco es, como en la película, mandar un mensaje.

Era el día que Djokovic había elegido para resolver la cuestión. Su entrenador lo tenía claro, que si las bolas pesadas, que si la pista cerrada… Después de muchos años de rivalidad y de haber sido claramente superior en sus últimos enfrentamientos en pistas rápidas, la forma de cerrar el debate de quién es el mejor era la de derrotar a Nadal en su terreno y en su pista fetiche. Pero las cosas no iban según lo previsto.

Podría haberse retirado. Pocas veces la mejor solución es rendirse. Una de esas veces es la de empequeñecer la victoria del máximo rival en un partido que puede definir para siempre las carreras de ambos. Si se retiraba, al menos tenía la oportunidad de negociar con la historia que había perdido por las circunstancias, que no le había derrotado nada humano.

Ni siquiera estaba jugando mal. Quizás cometió un error táctico buscando tanto la dejada que permitió a Rafa multitud de puntos y lucimiento en sus smashes de espaldas. Quizás estuviese cometiendo más errores de lo habitual, pero los juegos eran largos, el primer set duró casi una hora a pesar del resultado.

Pero aguantó el rosco y pasó al segundo set y a la tercera fase del duelo: la negociación. Esa negociación es con uno mismo: Bueno, si ahora gano este set no importa haber perdido el anterior por 6-0. Él tiene que estar más cansado. No puede jugar a este nivel durante mucho más tiempo, etc.

Así consiguió su primer juego y volver a su mejor tenis, el de la receta habitual del revés a los ángulos. Pero Nadal no iba a dejar que le estropeasen el mensaje y volvió a imponerse de nuevo con un tenis de inteligencia artificial, como si su entrenamiento consistiese en la simulación de millones de partidos contra sí mismo, para aprender la mejor decisión en cada circunstancia del juego.

Simplemente, había abandonado el guión, la planificación, la estrategia y la táctica y se dedicaba a resolver el juego, a aparecer en el lugar al que su rival dirigiría la bola antes de que éste la golpease y ganar el punto. Aunque Djokovic hiciese un tercer set digno y peleado, el partido estaba resuelto mucho antes y el mensaje había sido enviado.

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